Estás buscando casa.
Entras en una vivienda y, no te fijas en la distribución, en la luz o en el tamaño de las habitaciones, porque está llena de cosas que te hablan de las personas que han vivido allí.
Fotografías familiares, muebles, objetos personales, papeles, recuerdos, cajas… La casa está llena de vida, pero también de una historia que no es la tuya.
Y, no te das cuenta, pero te resulta difícil imaginarte viviendo allí. No es algo que hagas conscientemente.
Uno de nuestros últimos proyectos ha sido en la casa de una señora mayor. Estaba llena de cosas que habían formado parte de su vida durante muchos años. Muebles, objetos, papeles y recuerdos que, vistos desde fuera, podían parecer simplemente demasiadas cosas.
Pero no son simplemente cosas. Son una vida.
Encontramos algo que nos llamó especialmente la atención: los libros de texto que habían utilizado sus hijos cuando iban al colegio. Habían pasado cuarenta años. Y aquellos libros seguían allí.
Una casa puede estar llena de recuerdos y, al mismo tiempo, estar ocultando la vivienda
Para la persona que ha vivido allí, cada objeto tiene un significado. Un mueble puede recordar una etapa concreta de su vida. Una fotografía puede llevarle a un momento importante. Unos libros pueden representar la infancia de sus hijos.
Por eso, cuando preparamos una vivienda para vender, especialmente cuando ha sido el hogar de una familia durante muchos años, no estamos simplemente ante una cuestión de orden o decoración.
Hay una parte emocional que también tenemos que entender.
La casa está llena de la historia de alguien.
Y nuestro trabajo consiste en conseguir que, poco a poco, esa historia deje espacio para la siguiente.
Porque lo que para el propietario son recuerdos, para el comprador puede convertirse en ruido visual. No porque esos recuerdos no tengan valor, sino porque dificultan algo fundamental: imaginarse viviendo allí.
El comprador necesita poder proyectarse.
Necesita mirar una habitación y pensar dónde pondría sus cosas. Imaginar cómo utilizaría ese espacio. Pensar en sus hijos, en sus amigos y en sus rutinas.
Necesita dejar de ver la vida de otra persona y poder imaginar la suya.
El comprador no está buscando comprar los recuerdos de otra familia
Cuando una vivienda sale al mercado, cambia la relación que tenemos con ella.
Hasta ese momento ha sido un hogar.
Ha sido el lugar donde una familia ha vivido, crecido, celebrado, guardado cosas, acumulado recuerdos y construido su propia historia.
Pero cuando queremos venderla, tenemos que conseguir que otra persona pueda verla como el lugar donde empezar la suya.
Y ahí es donde el Home Staging tiene mucho más que ver con la percepción que con la decoración.
Muchas veces se piensa que preparar una vivienda para vender significa añadir cosas: colocar cojines, poner una planta, vestir una cama bonita o incorporar elementos decorativos.
Y sí, en determinados casos todo eso puede ayudar.
Pero no siempre necesitamos añadir.
A veces necesitamos quitar.
A veces, el cambio más importante es hacer espacio
Hace un tiempo trabajamos en una vivienda que necesitaba ser vaciada prácticamente por completo. Había acumulado tantos objetos durante años que era imposible valorar realmente los espacios.
Para conseguirlo fue necesario recurrir a una empresa especializada en vaciado y retirar todo aquello que ya no debía formar parte de la vivienda.
El proceso duró alrededor de 45 días. ¡Cuarenta y cinco días para que aquella casa pudiera volver a verse!
Cuando finalmente estuvo preparada y salió al mercado, se vendió en menos de veinte días.
No podemos decir que se vendiera por una única razón. En una operación inmobiliaria intervienen muchos factores: el precio, la ubicación, el estado del inmueble, la demanda, la comercialización y el momento de mercado.
Pero sí podemos decir algo importante: antes de prepararla, la vivienda no estaba mostrando todo lo que podía ofrecer.
Y eso es precisamente lo que muchas veces ocurre.
No vemos una habitación porque está llena de muebles. No percibimos el tamaño de un salón porque está saturado de objetos. No entendemos la distribución porque todo está ocupado.
La vivienda está ahí.
Pero no la estamos dejando hablar.
Preparar una vivienda no significa borrar su historia
Esto es especialmente importante cuando trabajamos con viviendas en las que ha vivido una persona durante muchos años.
No se trata de decirle a alguien que tiene que deshacerse de su vida para vender su casa.
Tampoco se trata de hacer que todas las viviendas parezcan iguales.
Se trata de tomar decisiones conscientes sobre qué necesita permanecer y qué puede retirarse para que la vivienda pueda competir mejor en el mercado.
Y, sobre todo, de entender para quién estamos preparando ese espacio.
Porque una vivienda que ha sido perfecta para una familia durante treinta años no tiene por qué estar preparada para que otra familia pueda imaginarse viviendo en ella mañana.
Ese cambio de mirada es fundamental.
Dejar espacio para la siguiente historia
Quizá por eso aquella casa y aquellos libros de texto se nos han quedado grabados.
Porque resumían perfectamente lo que ocurre muchas veces cuando preparamos una vivienda para vender.
Hay casas que están llenas de recuerdos.
Y eso es algo bonito.
Significa que allí ha pasado una vida.
Nuestro trabajo no consiste en borrar esa vida ni en quitarle valor. Consiste en conseguir que, cuando llegue un posible comprador, pueda ver algo más allá de ella.
Que pueda ver la vivienda.
Que pueda imaginar sus propias cosas.
Sus propios muebles.
Su propia familia.
Su propia historia.
Porque el comprador no está buscando comprar los recuerdos de otra familia. Está buscando un lugar donde construir los suyos.
Y por eso, a veces, hacer Home Staging consiste en quitar.
No para borrar la historia de quien ha vivido allí.
Sino para dejar espacio a la siguiente.
Con cariño,
Rocío y Mónica