Muchas veces, cuando alguien menciona la palabra “agente inmobiliario”, se imagina a un buitre sobrevolando una oportunidad, esperando sacar el máximo provecho sin preocuparse por nadie más, o le viene a la cabeza la banda sonora de «Tiburón» y ve la aleta surcando las olas, a toda velocidad en su dirección.
Lo entiendo, la profesión de «agente inmobiliario» no siempre está desempeñada por profesionales con principios.
Hay de todo.
Por eso, vamos hoy con otra fábula en la que queremos reflejar nuestra forma de trabajar.
En una colina donde el viento siempre soplaba, vivía un viejo zorro llamado Elías. Tenía una madriguera cálida y bien cuidada, y había decidido mudarse a una cueva más soleada en el valle.
Al poco tiempo, llegaron dos visitantes: un buitre y un tejón.
El buitre voló en círculos y dijo: “Te consigo una roca a cambio de tu madriguera. Rápido, sin complicaciones.” Mucho mejor que la que tienes ahora, es más ya tengo quien se quede con tu madriguera.
El tejón, en cambio, se detuvo, observó la madriguera y dijo: “Si me dejas ayudarte, encontraremos a quien vea el valor de tu hogar. Obtendrás lo que realmente vale.”
Elías dudó. El buitre insistía: “Lo que te propone el tejón es perder tiempo, no es necesario que prepares nada en tu madriguera, nadie pagará más, es más yo ya tengo comprador para tu madriguera, no pierdas el tiempo con el tejón.” Trabaja conmigo que soy «EL BUITRE», ya nos conoces, tengo un nombre importante en esto de vender madrigueras.
Pero el tejón aunque más humilde, le presentaba una propuesta diferente, no solo un nombre grande, le ofrecía una forma de trabajar nueva, y le inspiró confianza.
Así que decidió trabajar con el tejón.
Este limpió la madriguera con mucho esmero, recogió todas las cosas personales del zorro y cambió la decoración por una que gustase a otros animales, hizo unas fotografías estupendas y muy cuidadas, organizó las visitas, antes de cada una de ellas revisaba la madriguera y se ocupaba de que todo estuviera en perfecto estado, y por supuesto, en cada una de ellas explicaba por qué esa madriguera era especial.
Al final, una familia de ardillas la compró por el doble de lo que ofrecía el buitre.
Elías bajó al valle con una sonrisa, sabiendo que había hecho lo correcto.
En el mundo real, es cierto que aún hay agentes inmobiliarios como el buitre de la historia: alguien que solo quiere cerrar una venta rápida y llevarse su comisión, sin preocuparse de la vivienda ni del propietario.
Pero la realidad es que muchos de nosotros actuamos más como el tejón: trabajamos para mostrar el verdadero valor de tu casa, la presentamos de forma estratégica y buscamos al comprador adecuado, ese que aprecia tu propiedad.
No vendemos ladrillos. Vendemos historias, emociones, futuros hogares.
Y con ello logramos que la propiedad se venda no solo más rápido, sino por encima de lo esperado.
Claro, vivimos de esto. Pero como en toda profesión, hay quienes lo hacen por dinero y quienes lo hacen con propósito.
Y cuando eliges bien con quién trabajar, los resultados se notan.
Con cariño.
Rocío y Mónica